Fotografía de parejas y bodas

Después de 10 años dedicándome a la fotografía de pareja, he aprendido que fotografiar el amor no consiste simplemente en encontrar una buena luz, una bonita locación o el ángulo perfecto.

Consiste, sobre todo, en conectar con las personas que tienes delante de la cámara.

Cada pareja tiene una historia diferente. Hay parejas que son extremadamente cariñosas, otras que se hacen reír todo el tiempo, algunas que son más reservadas y otras que no pueden dejar de abrazarse. Y para mí, uno de los mayores retos y también de los mayores privilegios de este trabajo es conocer esa personalidad y convertirla en imágenes.

Por eso, antes de pensar en la fotografía, pienso en los novios.

Quiero saber cómo se conocieron, qué los hace reír, qué canción les recuerda al otro, qué pequeños detalles disfrutan juntos. Porque cuando conozco su historia, puedo crear fotografías que realmente se sienten como ellos.

espués de 10 años dedicándome a la fotografía de pareja, he aprendido que fotografiar el amor no consiste simplemente en encontrar una buena luz, una bonita locación o el ángulo perfecto.Consiste, sobre todo, en conectar con las personas que tienes delante de la cámara.

Cada pareja tiene una historia diferente. Hay parejas que son extremadamente cariñosas, otras que se hacen reír todo el tiempo, algunas que son más reservadas y otras que no pueden dejar de abrazarse. Y para mí, uno de los mayores retos y también de los mayores privilegios de este trabajo es conocer esa personalidad y convertirla en imágenes.Por eso, antes de pensar en la fotografía, pienso en los novios.

Quiero saber cómo se conocieron, qué los hace reír, qué canción les recuerda al otro, qué pequeños detalles disfrutan juntos. Porque cuando conozco su historia, puedo crear fotografías que realmente se sienten como ellos.

Cada pareja tiene una historia diferente. Hay parejas que son extremadamente cariñosas, otras que se hacen reír todo el tiempo, algunas que son más reservadas y otras que no pueden dejar de abrazarse. Y para mí, uno de los mayores retos y también de los mayores privilegios de este trabajo es conocer esa personalidad y convertirla en imágenes.

Por eso, antes de pensar en la fotografía, pienso en los novios.

Quiero saber cómo se conocieron, qué los hace reír, qué canción les recuerda al otro, qué pequeños detalles disfrutan juntos. Porque cuando conozco su historia, puedo crear fotografías que realmente se sienten como ellos.

Y aquí es donde entra uno de mis estilos favoritos: el Save the Date.

Para mí, una sesión de Save the Date es como hacer una pequeña película sobre la pareja antes de su gran día.

Y algo que he aprendido durante estos 10 años es que muchas veces las mejores fotografías ocurren cuando los novios dejan de pensar en la cámara.

Cuando se olvidan de mí.

Cuando simplemente se miran.

Cuando se ríen de verdad.

Cuando se abrazan sin que nadie se los pida.

Ahí aparece algo que ninguna técnica fotográfica puede fabricar: la conexión.